Cuando las llamas calcinan 30 años de trabajo: seis comercios devastados en Villa Consuelo
Los escombros parecían pintados de un color sombrío, aterrador e incierto. El panorama de lo que alguna vez fueron negocios icónicos del barrio Villa Consuelo fue reducido a un compendio de locales devastados por un fuego abrasador que tuvo la osadía de no perdonar ahorros, mercancías ni el esfuerzo de una decena de comerciantes que hicieron de su vida un tributo al trabajo arduo y digno durante tres décadas.
Sí, efectivamente se trató de un incendio que
desestabilizó la vida de aquellos vendedores que erigieron su sustento a base
de una rutina de menos horas de sueño y más tiempo para hacerlos realidad.
Todos los comerciantes coinciden en que ayer cerraron
sus negocios tras un día como cualquier otro, sin un ápice de sospecha de que
este sería un sombrío jueves, antesala del Día del Amor y la Amistad.
Nadie pudo advertir que minutos después de levantarse
de su acostumbrada jornada de sueño notarían el teléfono celular repleto de
mensajes desconcertantes y llamadas perdidas que darían la noticia de que unas
llamas enardecidas habían pulverizado los sacrificios que fueron cimentados
durante toda una vida.
Alrededor de las 11:25 de la noche, los residentes en
la zona comenzaban a sentir una especie de intranquilidad mezclada con el
alboroto de algunos que daban la voz alerta de que una llamarada inusual salía
de los negocios ubicados en la calle Marcos Ruiz. Con el transcurrir de cada
segundo, la posibilidad de salvar las mercancías se hacía cada vez menos
probable.
Más de uno llamó desesperadamente al Sistema de
Emergencias 911 para advertir sobre la situación que acontecía, mientras los
propietarios que residen en el sector salían despavoridos de sus viviendas para
evidenciar con sus propios ojos cómo la devastación se había cruzado en su
camino.
No obstante, la fe inquebrantable de la mayoría jugó
un papel preponderante en este manojo de estrés, nervios y frustración. Algunos
agradecieron al Todopoderoso de que al menos sus vidas estaban a salvo y que
las pérdidas solo fueron materiales.
"Me enteré cuando me llamaron y me dijeron está
cogiendo fuego el negocio, yo me quedé tranquilo porque Papá Dios es quien
sabe", exclamó Carlos Pineda, un comerciante de 54 años que había dedicado
los últimos 30 años de su vida a vender ventanas plegables de techos de
vehículos.
Su inesperada paz era un atisbo de esperanza en medio
del caos, no solo para él, sino para sus dos hijas que también se habían
apersonado al lugar, así como para diversos vendedores que no hacían más que
contemplar cómo su apacible lugar de trabajo se convirtió, de la noche a la
mañana, en un entorno hostil, irreconocible.
Las llamas abrazadoras comenzaron a emanar de los
techos de los comercios justo a las 11: 25 de la noche de este miércoles,
posteriormente, los bomberos arribaron a la escena del suceso, donde se
encontraban seis negocios hechos añicos.
Las manecillas no hacían más que continuar con su
rutinario curso mientras los bomberos se adentraban a un castillo de destrozos
y un fuego incontrolable. Pasaban las horas, el amanecer se acercaba y parecía
que la candela no daba tregua a unas mangueras de agua a presión que disparaban
sin contemplación. Tras cuatro horas parecía que la escena dantesca se había
convertido en un sinfín de paredes pintadas del color de la oscuridad.
Finalmente, cuando las llamas cesaron y la luz del sol
se acentuó más en el cielo, el vendedor Mario Rodríguez hizo una petición
final: "A las autoridades, que por favor vengan en auxilio de
nosotros".
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